jueves, 12 de abril de 2012

Cuando la bolsa es la vida

En un ayuntamiento quieren plantar cannabis para enjugar el déficit y crear algún puesto de trabajo. En otro ayuntamiento mediterráneo se debate sobre la invasión de universitarios británicos (suponemos que estarán matriculados en alguna universidad) en busca de juerga nocturna. Los hosteleros de la zona dicen que es bueno que el pueblo esté lleno de jóvenes (que consumen), que, si no, estaría desierto. El resto de ciudadanos se queja de la barbarie.
Con argumentos monetarios –todo por la pasta– se puede defender el mantenimiento de la industria de armamento, las relaciones diplomáticas con gobiernos opresores, injustos y corruptos (para proteger los intereses de las empresas españolas etc.) o la legalización de la prostitución, por ejemplo. Todo se sacrifica al dios Mammón.
"Todo lo que no sea casarse por dinero es puro erotismo". Se lo oí hace años a un compañero-y-sin-embargo-amigo (¡que en paz descanse!). La ironía era más evidente por el hecho de que él era un artista y, sobre todo, un hombre bueno: sabía muy bien lo que era hacer las cosas por amor al arte o, mejor, por amor al bien.

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