viernes, 12 de agosto de 2022

El paso del tiempo y lo que vale

En esta entrada de su diario, Josean retrata maravillosamente a su suegra Leonor y extrae una lección espléndida sobre el valor de las cosas de uso cotidiano.

«Leonor es muy austera. Necesita muy pocas cosas. Solo le parecen bellas las que se usan. Su vieja cafetera, la taza que utiliza para desayunar desde hace medio siglo, la cubertería que le regalaron cuando se casó, unos viejos calcetines tantas veces remendados. Pone en valor a los objetos con los que ha compartido su tiempo. 

»Aprecia mucho su casa. Cada recoveco de ella es algo muy íntimo. Cada objeto que posee tiene su sentido. Evita sentirse invadida por cosas vacías e indiferentes.

»Para mi suegra la moda es comercio disfrazado de modernidad. No le ha interesado nunca. Rara vez se compra ropa. Se la diseña ella misma. Cose. Reutiliza telas viejas y usadas que han perdido brillo, que se deshilachan o decoloran. Le da gran valor al uso que han tenido. Se siente ligada a ellas. Las hace para durar. Aunque sean caducas. Es muy consciente de que el paso del tiempo corroe la vida. Pero a la vez, la exalta.


«Uno debe repensar la idea de progreso. No dejarse guiar por sus luces cegadoras. Tomar distancias. Permanecer apartado. Disfrutar de la sombra entre los pliegues de un mundo cada vez más iluminado. Mirar atentamente la actitud de personas como mi suegra Leonor. Viven muy alejados de los centros de poder. Pero en su ejemplo, lejos de los resplandores, se vislumbra el comienzo de un nuevo camino.»

No dejéis de leer esta joya de Josean Zugasti, aquí.

martes, 12 de julio de 2022

Rezar no es delito

 «María Sánchez (26 años) y Lucas Vinatea (20) son voluntarios en la iniciativa Rezar No Es Delito. El pasado 4 de junio, fueron a los alrededores del abortorio Dator de Madrid en procesión desde Cuzco rezando el Rosario. Dos semanas después, llegó a su casa una carta certificado. La sorpresa al abrirla fue que era una multa de 600 € por organizar y participar en una supuesta manifestación ilegal.

»Su delito fue rezar el Rosario en la calle, frente a las puertas de un centro de abortos. Se han convertido así en los primeros penados después de la aprobación de la reforma del Código Penal, que castiga a quienes acuden a los alrededores de los abortorios a ayudar a las mujeres que acuden a acabar con su embarazo y a quienes rezan por ellas y por los bebés que pierden la vida en estos centros» (noticia de El Debate).



viernes, 8 de julio de 2022

¿Dios contra el hombre?

 Javier Martínez Baigorri es profesor de Ciencias, Filosofía y Religión y Director del colegio Hijas de Jesús. Me ha pedido para su blog una reflexión en torno a uno de sus artículos. Ahí va. 

Me ha pedido Javier una breve reflexión al hilo de su artículo «El Dios relativo. Una lectura de Bloch y Gesché». Su lectura plantea, a mi entender, una cuestión clave: la dialéctica Deus vs Homo, la visión de la relación entre Dios y el hombre como rivales en lucha. Esta dialéctica puede verse como una de las claves de la evolución de la cultura en occidente en los últimos cinco o seis siglos y a mi entender es una de las tragedias de la mentalidad actual. Tampoco es que se trate de una novedad, puesto que esa dialéctica se halla presente desde el inicio de la humanidad. En efecto, la tentación originaria es la desconfianza hacia Dios que siembra la serpiente en Adán y Eva; si Dios les ha prohibido comer de un árbol del jardín es porque «Dios sabe que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios» (Gn 3, 5), iguales a Él y por tanto rivales. Desde esa perspectiva, la obediencia a Dios se considera una sumisión indigna del hombre; de modo que, para recuperar su libertad y su dignidad, el hombre tiene que negar a Dios.

En esa tentación originaria se encierran dos equívocos, uno referido a Dios y otro al hombre. En primer lugar, la pretensión de igualarse a Dios implica ignorar nuestra finitud, negarse a reconocer la limitación inherente a nuestra condición de criaturas, de seres creados y, por consiguiente, dependientes del ser de otro. En segundo lugar, aquella pretensión ignora que «Dios creó al hombre a su imagen» (Gn 1, 27) y que al verlo lo encontró «muy bueno» (Gn 1,31). Es decir, la creación del hombre manifiesta la libertad y el amor de Dios: «Dijo Dios: – Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza. (…) Y vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno» (Gn 1, 26 y 31). 


La prueba definitiva del amor de Dios por el hombre es la entrega del Dios-Hombre en la Cruz, mediante la cual el ser humano alcanza la posibilidad de participar de la naturaleza divina (¡de ser hijos de Dios!) y liberarse del pecado. Es decir, la pretensión humana de igualarse a Dios se realiza, no en la negación de Dios (esa es la tentación originaria), sino en la aceptación de la redención obrada por Jesucristo. ¡A la rebelión del hombre (el pecado de origen) Dios responde dándonos la posibilidad de «divinizarnos» haciéndonos hijos adoptivos suyos! ¿Hacen falta más pruebas del Amor de Dios por los hombres? Precisamente es el amor y solo el amor lo que permite superar cualquier dialéctica de enfrentamiento.


(Para leer el artículo de Javier pinchar aquí.)

miércoles, 8 de junio de 2022

Manipulación o el robo del alma

 Xenofobia, homofobia, transfobia... Añade «fobia» a lo que quieras defender y ya no necesitarás dar razones para justificar tu posición. Con las connotaciones que tiene -o ha cogido- el término «fobia» de trastorno, de odio irracional, el otro queda tocado y hundido sin remedio, sin posibilidad de redención.

Se trata de una forma de manipulación a través del lenguaje. Como nadie quiere que le cuelguen el sambenito de tener una fobia, automáticamente, sin reflexión, se coloca uno en el bando del que cuelga el sambenito, del que pone la etiqueta, no vaya a ser que me tomen por un xenófobo, transfobo o lo que sea.

El uso falaz del lenguaje se traduce en un secuestro del pensamiento, que queda vacío. ¿Qué necesidad tengo de pensar, si el otro ha quedado derrotado antes de cualquier discusión posible? Así se crea opinión pública tantas veces, sin diálogo previo y con mayorías silenciosas o silenciadas.

Deberíamos reivindicar el derecho a pensar por nuestra cuenta, a razonar y a pedir argumentos a quien quiera debatir noblemente, sin que se nos hurte el debate social en profundidad sobre temas tan serios como la eutanasia, por ejemplo, o el aborto. Cuando interesa, los debates se dan por cerrados sin haberlos abierto. En cualquier caso, todo debate se puede reabrir.

Volviendo a las fobias, ¡qué importante es el lenguaje, hablar y escribir bien! Como que es la expresión del pensamiento (y de las emociones); de modo que su riqueza es signo de rica vida interior y su pobreza, de falta de ideas (y emociones ciegas). Por eso, qué sabia la advertencia de la Celestina: «No sepas hablar, Pármeno, sacarte han el alma sin saber quien». Pues que no nos roben el alma.


martes, 7 de junio de 2022

Experiencias de la belleza

Las últimas entradas del diario de Josean nos hablan de distintas experiencias estéticas. Vale la pena leerlas. He seleccionado algunos párrafos para abrir el apetito. En Belleza y bondad Josean se hace preguntas muy enjundiosas sobre el asunto a partir de una experiencia muy concreta, cuando sin darse cuenta perdió el móvil:

«Caminaba lentamente de regreso a casa, cuando escuché unos resoplidos a mis espaldas. Giré la cabeza. Una mujer septuagenaria, con una incipiente cojera, estaba haciendo un gran esfuerzo para acercarse a mí. Había recogido el móvil. Me lo alcanzó muy sofocada. Con una sonrisa en la cara. Mientras le agradecía su gesto, vencí mi timidez mirándola fijamente a los ojos. Sosteniendo la mirada, me pareció asomarme al túnel del tiempo. Intuí un profundo poso de honestidad en la vida de esa señora. Vislumbré la biografía de una mujer virtuosa, dulce y servicial. Y percibí, en su avejentado rostro, una expresión de gran belleza.

»(...) Ahora que mi salud es frágil, que siento más intensamente el paso del tiempo, que percibo una mezcla punzante de dolor y alegría, advierto, quizás más que antes, que la vida está llena de atractivos. La búsqueda de la belleza es uno de los más potentes. Provoca profundas emociones. Muestran caminos que merecen ser recorridos. Mientras haya una cara que me conmueva, una flor que irradie alegría, una luz que ilumine la hierba, mientras sea capaz de concentrar la mirada en ello, intuyo que me seguiré sintiendo agarrado a uno de los más sólidos asideros de la vida.»

En Buscando la belleza nos da cuenta Josean de su descubrimiento de otro filón de belleza, la música clásica:

«Aunque no soy muy aficionado a la música clásica, pruebo con Sonata Claro de Luna de Beethoven. Durante el primer ciclo del tratamiento descubrí que, cuando el dolor acecha, me proporcionaba alivio. Al principio, una armonía decaída me transmite cierto sufrimiento. Pero luego se transforma en un ritmo del que no apetece salir. Transmite relajación. Incluso alegría. Música repleta de simetrías, progresiones equilibradas y dulces. Magnética. Bella.

»Uno, agazapado en el sofá, siente que va pasando por la vida dejando mucha belleza sin detectar. Lo que he sentido como bello es sólo una mínima parte del total. He profundizado más en paisajes, naturaleza, excursiones….

»Pero me queda muchos filones de belleza por descubrir. Hasta hace poco he sido sordo para la música clásica. Y un tarugo para bailar. Me ha interesado poco la pintura. Y menos la escultura. Tampoco he destacado en el arte culinario. Debo prestar más atención. Rebuscar con tesón. Redimirme de algunas cegueras. Bucear en la belleza del pensar. Valorar los vínculos con los más allegados. Investigar nuevas formas de hermosura.»


Las canciones y el canto son otro de esos filones de belleza (Cantar). Es cierto, como dice, que antes cantábamos más. Escuchar, a través del patio interior, a una madre cantando mientras hacía los trabajos de casa constituye uno de los recuerdos imborrables de mi infancia. 

«Hay canciones que cuentan lo que nos pasa por dentro. Explican cosas difíciles de expresar con palabras. Algunas nos empujan a la melancolía. Otras aportan un chute de energía. Las hay que invitan a llorar. O ayudan a dormir. Algunas espantan ciertos males. Los males anímicos. Son medicinas emocionales.

»Uno está convencido de que si, además de escuchar, cantamos, el sentimiento originado se amplifica. Ese esfuerzo por aprender la letra e intentar entonar afinadamente nos involucra más. Y esa atención que ponemos tiene su recompensa. Cuando ya hemos cantado un estribillo decenas de veces suele abrirse un hueco en la memoria de nuestra vida.

»El canto da voz a muchas emociones. Alegría, tristeza, lágrimas, lamentos, risas. Transporta de la inquietud a la paz. A una realidad nueva. Cantar produce momentos felices. Con facilidad. Es un acto sencillo. Estimula afectos. Vincula a los que cantan. No sé muy bien por qué.

»Hace cuatro o cinco décadas cantábamos mucho más que ahora. En el autobús, cuando íbamos a la montaña. En la parroquia, cuando acudíamos a catequesis. En la sobremesa de muchas celebraciones. Los excursionistas, catecúmenos o comensales, simplemente uniendo nuestras voces, lográbamos una conexión que provocaba alegría compartida.»


viernes, 3 de junio de 2022

Valores y educación

 A propósito de la detención de dos menores de dieciséis años por robo con fuerza durante una fiesta en casa de un amigo, Alberto reflexiona sobre la educación y lo que los centros educativos ofrecen a los padres.


¿Qué es lo que queremos para nuestros jóvenes?

Por motivo de mi dedicación profesional tuve conocimiento de que por parte de un cuerpo policial se había procedido a la detención de dos jóvenes de 16 años por un robo con fuerza en una casa. Este hecho se produjo cuando un amigo de estos les invitó a una fiesta en su casa. Estos dos jóvenes, ante una puerta de la casa que estaba cerrada con candado, lo forzaron, entraron en esa habitación y se llevaron dinero en efectivo.

Usted, lector, que ha leído hasta aquí, seguro que ya ha etiquetado a esos jóvenes, incluso se ha formado en su cabeza una imagen mental de su aspecto o, lo que es más, incluso se habrá preguntado qué valores y qué educación están recibiendo esos angelitos.

Tras su arresto manifestaron que veían lícita su conducta, ya que querían conocer y saber qué había detrás de esa puerta, que si estaba cerrada por algo era; incluso uno se atrevió a decir que le habían tomado las huellas y hecho fotos como a los malos de las películas y que eso le traería popularidad entre los suyos.

Pues bien, déjeme que le diga, que esos dos angelitos y todos los demás compañeros de fiesta son alumnos de uno de los colegios más prestigiosos y con más nombre de esta ciudad (da igual dónde este leyendo esto, en su ciudad también puede pasar), de los que pasan el cepillo al final de cada mes, de esos que cuando vas a visitar no falta el paseo frente a la vitrina de trofeos y donde el encargado de la visita saca pecho de los logros de los alumnos más sobresalientes.

Esto me ha recordado las visitas que realicé a varios colegios para matricular a mi primogénita el curso próximo. Todas tenían un denominador común: “el 98,8% de nuestros alumnado aprueba la EVAU, el 85,6% habla este idioma o el otro, o los dos a nivel C1 certificado con el país que toque, el 100% supera la ESO con una media de sobresaliente”, etc., etc., etc. Lo cual ahora me hace pensar, ¿qué queremos para nuestros jóvenes, ya sean nuestros hijos o nietos, queremos que sean capaces de multiplicar, de hacer derivadas, de conocer cuál es la capital de un país o de otro, de pedir comida en el McDonald’s en cualquier idioma? Porque parece ser que eso es lo que nos venden ahora mismo lo colegios, la excelencia curricular; pero ¿qué pasa con la educación de nuestros hijos en valores?, y con educación me refiero al trato que dan a su semejantes ¿Dónde se aprende, en casa o en la escuela? ¿Quién está equivocado, el profesor o el padre?

Debemos educar a nuestros jóvenes desde ambos agentes socializadores. Me entristece subir a un autobús urbano de cualquier ciudad y ver cómo niños de 14-15 años no ceden los asientos a embarazadas, ancianos o impedidos, porque tanto ellos cuando van solos, como quien les acompaña (incluso adultos) van pendientes de sus teléfonos sin preocuparse por el prójimo. Pongo el ejemplo del autobús por ser el más gráfico, pero hay más, escuche, escuche: ayudar a alguien a cruzar la calle, parar el abuso a un compañero de clase por parte del matón, faltar al respeto a un mendigo, no decir ni hola, ni adiós, ni gracias, ni de nada, entre otros ejemplos, aunque hay excepciones, no vayan a pensar que todo es blanco o negro.

Quizá se deba dejar de lado conocer cuál es la capital de los 195 países del mundo e invertir en educación; tampoco pido grandes milagros, saber decir hola y adiós, tratar de usted a los desconocidos, ceder el asiento en el autobús, en resumen, esos pequeños gestos que te sacan una sonrisa. En mi opinión de casa se sale “meao y cagao” y quizá esto deba enseñarse en casa y reforzarse en los centros docentes mediante asignaturas de nueva creación, donde se aprendan estas cosas y otras más útiles que el conjunto vacío como es rellenar una instancia, trámites con la administración, legislación básica, cómo pagar una multa o cómo formular una reclamación o una queja o sugerencia, o conocer las obligaciones que tienen como ciudadanos, sí, sí, obligaciones, todo el mundo conoce sus derechos, y de sobre es conocido este extremo; todos hemos oído a alguien decir, ya que está muy de moda: “es que tengo derecho, es mi derecho”, y sí, razón no le falta, pero lo que quizá deba de saber esa buena persona es que también tiene obligaciones.

Deberíamos dar a los jóvenes herramientas para los problemas a los que como adultos tendrán que afrontar sí o sí y no darles todo hecho. Y usted, ¿qué quiere o espera de nuestros jóvenes?

Alberto Miguel

Mi café está frío

 Ésta reivindicación de justicia de los jefes con los empleados y de respeto de los clientes hacia esos mismos empleados es la segunda colaboración de Leonardo para Golondrinas aturdidas

Mi café está frío. Mi café está frío, dijo un cliente de forma automática, apenas ha empezado a sostener la taza. Indignado, enfadado porque el café no está como le gusta. Es curioso cuan engrasada funciona la maquinaria de la indignación y el enfado para estos temas; sin embargo, se empieza a oxidar y ralentizar cuando se trata de cosas como la dignidad, la verdad, la honestidad... ya saben, esos conceptos caspas, pasados de moda pero que hacen que una persona sea algo más que un ente que reacciona por impulsos, que “hace lo que le da la gana”.

He trabajado en diferentes sectores y empresas. En todos los casos, cuando los jefes te toman el pelo, incumplen el contrato, o cuando directamente no te pagan, siempre aparecen los “buenos empleados” que entienden a la empresa, al jefe, al mercado laboral. En fin, salen en procesión disculpando o justificando la larga lista de ilegalidades e indecencias cometidas contra sus empleados. En estos casos sólo unos pocos se atreven a quejarse; el resto, calla. Por miedo, sumisión, masoquismo, por lo que sea.

La cuestión no es ésa, la cuestión es el uso de poder. Mejor dicho, el indecente uso de poder que hacen algunos proyectando su inmundicia sobre otros y da igual si el café está frío, o los zapatos que me ofreces no me gustan, es la ocasión perfecta para defender “tus derechos”, haciéndole pasar un mal rato a la persona que te ha atendido, que además es otro trabajador como tú, con similares problemas, con las mismas dificultades para llegar a fin de mes, las mismas condiciones lamentables laborales, o quizá no, quizá usted sea una persona con una posición mejor; en ese caso puede, como tantas otras personas, intentar humillar al empleado.

Acabaré mi café, estando como esté, porque soy un afortunado al tener salud y trabajo para tomármelo.

Leonardo