domingo, 8 de abril de 2012

Economía y bien común

Una ventaja de la crisis económica es que está poniendo en marcha algunas cabezas pensantes. José Javier nos ha puesto en la pista de una tercera vía entre el capitalismo tal como lo conocemos y la economía planificada socialista: La Economía del Bien Común. Me resulta particularmente interesante la idea de que la aportación de las empresas al bien común puede ser medida y cuantificada para recibir después ayudas públicas en proporción a su contribución. La idea no se queda por tanto en una mera invocación etérea a la ética, sino que se traduce en propuestas que pueden convertirse en leyes, que es a lo que aspiran los promotores de este modelo económico.

Veremos en qué queda este movimiento. Lo que veo claro es que la economía sin ética no funciona. Es muy significativo que, desde que comenzó la crisis, se venga hablando de crisis de confianza, algo tan poco monetario, tan intangible y... ¡tan esencial para la vida social! No pueden darse relaciones sociales (ni económicas, por consiguiente) si no están fundadas en la confianza mutua y en las virtudes que le dan consistencia: honradez, sinceridad, respeto, lealtad, fidelidad...


La clave es: ¿puede sostenerse una ética sin Dios? Nos quedamos, de momento, con unas palabras que pronunció Benedicto XVI el sábado:
"Hoy podemos iluminar nuestras ciudades de manera tan deslumbrante que ya no pueden verse las estrellas del cielo. ¿Acaso no es esta una imagen de la problemática de nuestro ser ilustrado? En las cosas materiales, sabemos y podemos tanto, pero lo que va más allá de esto, Dios y el bien, ya no lo conseguimos identificar."
La actual crisis parece demostrar que, en lo material económico, tampoco sabemos ni podemos tanto.

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