jueves, 15 de diciembre de 2011

Mística de la carne

Segunda cita de Hadjadj sobre la sexualidad originaria:


"En ese estado de gracia en que fue creada la primera pareja, la obra de la carne hubiera sido una obra pía. La afirmación central de Santo Tomás es que la voluptuosidad sensual no hubiera ahogado la razón. Algunos pensarán que eso es una lástima (y desde el punto de vista de nuestra condición actual, no se equivocan del todo): -¿No hubiera existido, pues, ese vértigo, ese éxtasis, esa explosión? Sí, sólo que no hacia abajo, como un colapso, sino hacia arriba, como una asunción. Por una parte, al mantenerse siempre la lucidez, el placer sensual en sí mismo no hubiera podido saturarse: habría crecido indefinidamente, se hubiera alzado sin encontrar techo alguno hasta alcanzar un cielo superior al séptimo. Por otra parte, ese placer no habría turbado la alegría espiritual: Adán podría haber conocido a su mujer sin salir de la contemplación. La habría penetrado hasta su fuente eterna. Eva lo habría recibido como don de Dios. Lo habría hecho entrar verdaderamente en el claustro, en la capilla y en el baptisterio. En primer lugar, la virginidad de su mujer no hubiera sufrido por sus abrazos; después, a la hora del parto, la sola madurez del fruto, y no el gemido del dolor, habría dilatado las entrañas maternas (San Agustín, La ciudad de Dios, XIV, 26); además, la concepción habría sido en parte bautismal, pues no se hubiera transmitido ninguna culpa de la naturaleza con el óvulo y el esperma, tan puros como el agua bendita con la que el sacerdote pronuncia después la fórmula trinitaria (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, 100, 1). En fin, era el Paraíso… No habría habido palabras obscenas; ninguna parte del cuerpo que hiciera vacilar las palabras (San Agustín, La ciudad de Dios, XIV, 23)".


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