miércoles, 7 de diciembre de 2011

No somos islas, nunca

Me ha escrito Javier M. sobre la entrada ¡Inventemos la educación! Echa en falta alguna referencia a la vertiente social del ser humano:

"Aprendemos porque nacemos sobre un poso de anterioridad (lo dijo mejor Ortega y Gasset). (...) De lo que nos enseñan nos ha llegado la mayor parte de lo que sabemos. Creemos en Julián Gayarre no por nuestra inteligencia ni haberlo experimentado de vista. Sí, pero nosotros podemos comprobar en las crónicas de los diarios de Londres, París, San Petersburgo etc. que Gayarre cantó allí. Cierto, pero esas pruebas son testimonio dejado a nosotros. En última instancia nos enseñan otros. Sabemos de la mecánica cuántica, creemos en ella sin haberla pensado ni experimentado, pero damos fe a quienes sí aplicaron su inteligencia y experimentación. La inmensa mayoría no la entenderemos nunca, ni experimentaremos sus más arcanos efectos. Sin embargo creemos que hay efectos cuánticos de la materia, en la raíz de la realidad física, química, biológica que vivimos. (...) Por eso creo necesario al “inventar la educación” una mayor explicitación del aspecto social del ser humano. Es con los otros como nos vamos haciendo. Es sentirnos acogidos por los otros, sentirnos deudores de los otros."


Vale. Lo que pienso es que esta dimensión social está presente en todo el proceso de formación del ser humano:

1) En su formación física: en la crianza, en el desarrollo de la psicomotricidad, en el juego, en la práctica deportiva, etc.
2) En la formación artística y artesanal: se aprende de otros, se expresa uno para los otros.
3a) En la formación intelectual: se aprende a razonar y a reflexionar por medio del diálogo, ¡aprendiendo a hablar!
3b) En la formación del carácter, que es en sí misma educación social, porque lo que somos se pone de manifiesto en lo que hacemos, ¡y todo lo que hacemos tiene alguna repercusión sobre los demás!

Esto último me parece especialmente relevante. Una justificación corriente de nuestros desmanes es decir que no afectan a nadie más que a uno mismo, al que los comete. Tomás de Aquino decía que todas nuestras acciones están en el ámbito de la justicia: todas afectan (para bien o para mal, directa o indirectamente, tarde o temprano) a otros, aunque se trate de un pensamiento no verbalizado: es justo o injusto. ¡Eso es creer en la dimensión social de la persona!

2 comentarios:

  1. En la noción de persona está la clave de ese equilibrio entre la identidad individual y la identidad social. Las dos dimensiones inseparables de mi propio ser personal. Hablar de mi yo no es sólo hablar de individuo sino al mismo tiempo de comunión, de comunidad. Es así que mi esencia es esencia procesual, esencia que tiene que desarrollarse y sólo se desarrolla en el mirar a los ojos al otro y al Otro. En el amor. Tenemos la obligación de pensar en serio qué es la Persona y vivir como tales. Ahí está la superación de esa absurda dicotomía entre el liberalismo indidivualista y el socialismo colectivista. No se puede hablar de persona en singular sino de Personas, como bien dice Spaemann.

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  2. Muy oportuno el comentario, Javier. Pienso que el número mínimo de persona es TRES: para comprender qué es el ser personal necesitamos un varón, una mujer y un hijo, por lo menos. El ser personal es un ser familiar. Sin paternidad, maternidad y filiación no se le puede entender.

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