jueves, 29 de diciembre de 2011

Peor para ella

Hay una tienda erótica que me sigue en Twitter. Creo que es por la entrada Coito en el paraíso. La culpa es mía, por publicitar los blogs en redes sociales. Verdaderamente el sexo es un asunto de especial interés para la filosofía, porque implica toda la estructura de la persona, cuerpo y espíritu, biología y psicología, sensibilidad y racionalidad. El ser personal está traspasado de sexualidad. Se es persona-varón o persona-mujer. Uno piensa, quiere, siente, mira, recuerda, se mueve… como varón o como mujer. Es, por consiguiente, un asunto en el que se pone en juego la concepción del ser humano.
Lo tremendo de la concepción políticamente correcta de la sexualidad es que desvincula la vivencia del deseo sexual de la biología. Como el código genético no se puede elegir, pretende que se acepte como viable existencialmente la discordancia entre la genética y la vivencia subjetiva (hombre en cuerpo de mujer o viceversa). Dicho de otra manera, lo decisivo no es el hecho (soy varón, soy mujer) sino la subjetividad (los deseos, la voluntad). Suena como aquello de Hegel: si la realidad no coincide con mis pensamientos, peor para ella.

Es no puede funcionar. La psique humana no puede sobrellevar esa quiebra interior sin sufrimiento. No se puede vivir negando la realidad biológica, una realidad que ni las hormonas ni la cirugía pueden variar sustancialmente. Sostener lo contrario es ideología (la ideología de género), no ciencia. Y la comprensión, la auténtica comprensión hacia las personas que padecen esa quiebra, no puede consistir en darles la razón como se les da a los niños o a los tontos.

LibrosLibres ha editado el libro de Richard Cohen Comprender y sanar la homosexualidad.  En el título lleva la penitencia. Pobre. A Cohen, que pasó por la experiencia de lo que él llama atracción no deseada hacia las personas del mismo sexo,  se le ha ocurrido enfrentarse a la terapia de afirmación gay, según la cual el cambio de la homosexualidad a la heterosexualidad es inviable o al menos terapéuticamente contraproducente. Los psiquiatras que trataron sus angustias durante años, alineados con lo políticamente correcto, trataron de convencerle de que había nacido “así” y que no le pasaba nada malo. No tuvieron éxito. La paz le llegó a Cohen cuando reconoció como origen de sus desasosiegos los abusos sexuales sufridos, cuando tenía seis años, por parte de un amigo de la familia y el trauma infantil consiguiente.

Por supuesto, colectivos de gays, lesbianas, etc., han reaccionado inmediatamente contra la editorial y las empresas distribuidoras del libro de Cohen, una de esas “obras que lanzan mensajes de odio e ignorancia”, crean el “caldo de cultivo para la homofobia”; una obra que puede “desorientar a los jóvenes”, especialmente a los jóvenes homosexuales y sus familias, por la “desinformación radical” que contiene. Eso dicen. Luego debe ser un libro interesante.

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