lunes, 12 de agosto de 2013

Miura en el Palacio de cristal

No, no es que un toro bravo haya entrado en el Palacio de cristal. Desde luego es una imagen sugerente, pero se trata de otro Miura, de Mitsuo Miura, que presenta en Madrid una "intervención" titulada Memorias imaginadas (este también es un título sugerente). Mi conclusión, después de visitarla y de leer el folleto correspondiente, confirmada y reafirmada después de leer la presentación en la web del Museo Reina Sofía, es que la verdadera obra de arte está no en la intervención de Miura sino en estas auténticas piezas literarias (de ficción, digo).

Situémonos, por si no han visto la exposición-intervención:


Mire la foto y piense por un momento, antes de seguir leyendo, cómo describiría usted lo que ve; a continuación compare:
La intervención de Mitsuo Miura (Iwate, Japón, 1946) en el Palacio de Cristal se basa en una instalación pictórica con vocación arquitectónica y paisajística. A través de formas esenciales con colores algo desvaídos —que representan situaciones difusas— distribuidas por el espacio, el artista propone la creación de formas constructivas, sólo sugeridas, que remiten a esquematizaciones esenciales de experiencias e imágenes de los recuerdos almacenados en su memoria.
Concretando:
Memorias imaginadas parte de la distribución de círculos de color en el suelo del Palacio, coronados por otros idénticos, suspendidos de la cubierta. Entre ambos elementos se crea un objeto imaginario, la columna, que sugiere la creación de un nuevo espacio arquitectónico más imaginado que construido. Convierte de esta forma el entorno transparente del Palacio de Cristal en una sala hipóstila, uno de esos “bosques de columnas” de particular alcance sagrado en la antigüedad. Vuelve así a la génesis de un elemento arquitectónico milenario, la columna, que en su origen fue la esquematización del tronco de un árbol. El espectador encuentra el correlato necesario en la vertical de los árboles del Parque del Retiro para dibujar estos fustes en su mente imaginando líneas verticales que unan cada pareja de círculos.
¡Cómo! ¿No se le había ocurrido a usted lo de las columnas imaginarias?



Este párrafo es extraordinario:
Miura trabaja del modo en que opera la memoria: en la reactivación virtual de un espacio imaginario; un entorno que pudo o no existir y que, por tanto, sólo puede ser completado mentalmente. En ello incide el segundo gesto de su intervención: la distribución intermitente de franjas de color en el zócalo interior del edificio, que sugieren el dibujo esbozado de un plano no claramente definido. La instalación recuerda, de ese modo, que la arquitectura no es más que la delimitación física de un espacio ya existente: los elementos constructivos, aquí columnas y zócalos (aquello que marca horizontal y verticalmente el alcance de una edificación) no son más que trazos en el vacío.
De primeras no puedo evitar la sensación de que me están tomando el pelo. Luego recapacito y, ante la posibilidad de que el "escritor" crea sinceramente lo que escribe, me tranquilizo.  Luego me inquieta el pensamiento de que se lo crea... La cosa es que en ningún momento se me pasa por la cabeza la idea de que a lo mejor-peor yo no tengo sensibilidad artística. ¿Será entonces el complejo de Sancho? ¡Ay, el arte!

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