Nueva entrada del Diario de Josean Una mañana de domingo, cuando Martín tenía cuatro años, nos vimos rápidamente envueltos en una brutal tormenta, a dos mil metros de altitud, en un desolado laberinto kárstico del valle de Linza. Escuchábamos potentes truenos y, a continuación, cada vez más próximos, golpeaban la roca caliza imponentes relámpagos. El viento nos zarandeaba violentamente. Martín me miró a los ojos, con el miedo inscrito en su cara, y me dijo “Papá, ¿nos vamos a morir?” Más aún que la impetuosa tormenta, me asombró que mi hijo, a tan corta edad, tuviese presente la muerte y la temiese. Le cogí con firmeza de la mano y le dije que no se soltase. Que íbamos a bajar, sin prisa, pero sin pausa, en busca del hayedo. Que en el interior del bosque ya estaríamos casi salvados. No sirve de mucho quedarse paralizado, imaginar, angustiarse. El miedo queda empequeñecido cuando nos lanzamos en pos de mejorar la seguridad. Hay que analizar la situación. Y actuar con coraje. Presta...
He leído en el blog de José Javier Ruiz (exalumno, colega y, sobre todo, amigo) una historieta, que parece del siglo pasado y es muy actual: El corcho . La idea de fondo –sencilla– es de las que conviene recordar: el principal recurso educativo es... ¡el profesor! Este axioma tiene un corolario: el profesor hace el método, no el método al profesor. Un buen profesor hace maravillas con pocos recursos y hace bueno casi cualquier método. Un mal profesor desperdicia los recursos a su alcance, por estupendos que sean, y ningún método le salva. ¡No podemos creer que los cambios metodológicos (escuela 2.0, 3.0, o la que sea) cambiarán la educación por sí solos! Esto tiene que ver con la cita de Rassam que encabeza este blog, y pone de manifiesto la relevancia del estilo personal del profesor en la enseñanza. ¡La personalización de la enseñanza empieza por los profesores! Pienso que los procesos de innovación y de renovación fecundos los llevan a cabo profesores que desarrollan con ...
Cinco minutos sin desperdicio... El texto del vídeo son palabras del filósofo Higinio Marín, fragmentos de una conferencia suya, que transcribo aquí: A cada uno de nosotros nos pasa que podríamos no haber existido, porque el fondo del problema es si valemos algo. No hay razones distintas para vuestra existencia que la de un caracol cualquiera. Pero los seres humanos necesitamos ser puestos a salvo de esa inconsistencia, de esa falta de necesidad. Te pueden decir guapa o te pueden decir listo, pero… ¡nada de eso justifica que yo esté aquí! Nos ponemos a salvo si alguien puede afirmar que tu existencia es un bien de naturaleza tan decisiva para mí que, aunque fueras el mayor de los canallas, el mayor de los genocidas, yo no podría dejar de celebrar tu nacimiento y llorar tu muerte. Aunque tu muerte fuera la ejecución más justa y más deseada por el resto de los seres humanos sobre el planeta, yo te lloraría. Eso socialmente es intolerable, salvo que seas la madre. ¡Qué bueno que exis...
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